miércoles, 6 de abril de 2016

La tierra se esta secando, aparecen Gigantezcas grietas en todo el Mundo




Un acontecimiento que aumenta su frecuencia en el mundo, se viene sosteniendo durante los últimos años, se trata del “agrietamiento de la tierra”. En diferentes continentes se están produciendo aberturas en la tierra, hecho que ha generado la preocupación de los científicos.

En el año 2014, México fue testigo de una enorme grieta de un km. de largo que se abrió en la zona de Hermosillo. La sanja tenía alrededor de 5 metros de ancho con una profundidad de 8 metros.

Para algunos expertos, este efecto podría ser como consecuencia de movimientos sísmicos, algunos de ellos imperceptibles para la población, lo cierto es que existen lugares en los que el fenómeno de agrietamiento se ha producido sin haberse registrado con antelación ningún sismo.

Perú fue sorprendido por estas grietas desde el mes de mayo de 2015, produciéndose aún más aberturas en la tierra durante los siguientes meses. Existe el riesgo para una población llamada Socosbamba que cuenta con una población de más de un millón de habitantes, de que sucumba y sea completamente succionada y quede hundida bajo tierra.

Una pequeña comunidad llamada Otumpa, en la provincia de Santiago del Estero, Argentina, también fue sorprendida por las grietas en el año 2013 luego de ocasionarse una fuerte tormenta, situación de la cuál aún no se sale del asombro.
Una fisura de 56 kilómetros de largo, fue creada en el desierto de Etiopía en el año 2005, hecho que probablemente se convertirá finalmente en un nuevo río, según confirmaron los investigadores. Se formó una grieta de seis metros de anchura en algunos puntos.
Un grupo de geólogos sostiene que la explicación a estas grietas tiene su punto clave cuando se producen grandes lluvias en tierras que son propensas a colapsar al contacto con el agua, haciendo que el suelo tenga que ceder por el alto volumen de precipitaciones, lamentablemente esta es una situación que es imposible de predecir cuando y en que lugar puede ocurrir.

La palabra de Dios dicen en el libro de Romanos 8:23 “Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto”. La Biblia parece describirnos como la misma naturaleza se manifiesta dando avisos de que algo grande está por suceder.

La mayoría de los cristianos creen que estos desastres naturales son una evidencia clara de que vivimos en los últimos tiempos. También lo sostienen personas que no profesan la fe cristiana, sucede que muchos acontecimientos que están ocurriendo en el mundo indican que habrá una destrucción inexorable del planeta tal como lo conocemos hoy. A pesar de esto tenemos esperanza en Dios, Jesucristo regresará a salvar a su pueblo antes que se desaten grandes calamidades en el mundo como el ser humano no ha visto jamás, en el período llamado “la gran tribulación”. Será Cristo mismo el que con gran poder y gloria vencerá a sus enemigos y comenzará un reinado de paz por mil años sobre el mundo entero.

martes, 5 de abril de 2016

¿Cuál es el significado de la consagración y por qué es necesario que nos consagremos a Dios?



El nacimiento de un niño es un evento que nos emociona y nos hace feliz y todos sabemos que es el principio de una nueva vida. Nunca diríamos que es el final o una conclusión.

Lo mismo ocurre con nosotros los creyentes. Ser salvos y nacer de nuevo con la vida de Dios es ciertamente algo maravilloso y de gran gozo. Sin embargo, no termina aquí. Nuestra regeneración es tan sólo el comienzo de nuestro recorrido espiritual. Y de igual manera que es necesario que un bebé crezca y se desarrolle, es necesario que nosotros los cristianos avancemos paso a paso.

Después de ser regenerados, la próxima etapa en nuestro largo recorrido espiritual de toda la vida, es presentarnos u ofrecernos al Señor, lo cual es consagrarnos a Él.

¿Cuál es el significado de la palabra “consagración”?
La palabra consagración no es una palabra que se utilize con frecuencia, aun así, es posible que tengamos un concepto de lo que significa. En la religión, la palabra consagración se usa en relación al ordenamiento oficial de una persona que está a punto de ser un predicador, sacerdote o misionero. Este uso implica que la consagración es solamente para una categoría especial de personas.

Sin embargo, la consagración revelada en el Nuevo Testamento es para todo creyente en Cristo. No es solamente para aquellos cristianos que poseen un gran conocimiento o para los que se consideran maduros. De hecho, como veremos más adelante, no podemos conocer la vida de Cristo de forma subjetiva en nuestro ser o alcanzar la madurez espiritual sin antes habernos consagrado al Señor. Esto se debe a que la consagración es la base de cada experiencia espiritual.

Así que, ¿qué significa la consagración? La consagración es entregarnos al Señor para ser “un sacrificio vivo” como dice Pablo en Romanos 12:1:

“Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”.
En el Antiguo Testamento, un sacrificio era algo separado para Dios y se ponía en el altar. Cuando las personas ofrecían algo a Dios, ya no le pertenecía al que lo ofrendaba. Le pertenecía a Dios para Su uso y satisfacción.

Hoy día cuando nos consagramos al Señor, llegamos a ser un sacrificio vivo. Abandonamos nuestras pretensiones y nos entregamos completamente en las manos del Señor. Anteriormente, nuestra vida era para nuestro uso y satisfacción; ahora es para Su uso y Su satisfacción.

Cuando nos presentamos delante del Señor como un sacrificio vivo, sencillamente estamos declarando: “Señor Jesús, soy para Ti. Ya no me pertenezco a mí mismo, al mundo o a cualquier otra cosa. Soy para Tu uso y Tu satisfacción”.

Ahora necesitamos preguntarnos, ¿cuán importante es que nos presentemos al Señor? ¿Realmente importa si lo hacemos o no?

Cuatro razones por las cuales debemos consagrarnos al Señor
1. Para que andemos en la senda del Señor
Antes de ser salvos, nos comportabamos según nuestra propia manera, tomábamos nuestras propias decisiones y escogíamos nuestra propia dirección. Sin embargo, después de ser salvos, Dios desea que andemos según Su senda, le sigamos y seamos guiados por Él. No obstante, si no nos entregamos a Él, ¿cómo sabemos cuál es Su senda? ¿De qué manera nos puede Él guiar? Consagrarnos a Él nos guarda en Su senda y nos salva de tomar nuestra propia senda. Podemos orar: “Señor, no quiero tomar mis propias decisiones o tomar mi propia senda. Quiero ser guardado en Tu senda. Así que Señor Jesús, me entrego a Ti”.

2. Para que crezcamos en vida
En cualquier clase de vida física, después del nacimiento viene el crecimiento. Del mismo modo, cuando Cristo entra en nuestro ser Su intención es que Su vida divina en nuestro ser crezca. No obstante, cualquier tipo de vida, aún la vida divina de Cristo en nuestro ser, necesita el ambiente apropiado y la oportunidad de crecer.

Rendirnos al Señor le provee la mejor oportunidad para que Su vida crezca en nosotros. A medida que rendimos cada parte de nuestro ser y cada aspecto de nuestras vidas a Él, le damos a Su vida la mejor oportunidad de crecer en nosotros.

Entregarnos al Señor o no, marcará una gran diferencia en nuestra experiencia de Cristo.Cuando nos abstenemos de entregarnos al Señor y no nos consagrarnos a Él, es probable que no tengamos ningún sentir de que está mal practicar ciertas cosas. Nuestra falta de consagración estorbará a la vida que está en nosotros. La vida en nuestro ser sencillamente deja de funcionar bien debido a que no tiene la oportunidad de crecer y desarrollarse.

Sin embargo, cuando nos rendimos al Señor, le proveemos la mejor oportunidad para que Su vida crezca y se desarrolle en nuestro ser. Espontáneamente podemos sentir lo que le agrada a Él y lo que no le agrada, lo que es de Dios y lo que no lo es. Esta sensación viene cuando la vida divina de Dios en nuestro ser comienza a funcionar. Nuestra consagración es la que activa esta función de vida que nos da el sentir de la vida de Dios en nosotros. Mientras seguimos y obedecemos a Dios por medio de este sentir, crecemos en la vida divina de manera verdadera y práctica.

3. Para que Dios pueda obrar en nosotros
Antes de que intentemos obrar para Dios, es necesario que Dios obre en nosotros. Aunque somos salvos, debemos admitir que todavía Dios tiene mucho por obrar en nosotros a fin de conformar nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y nuestra disposición interna —todo nuestro ser—a la imagen de Su Hijo.

Dios es ciertamente omnipotente, pero en Su relación con nosotros, no actúa como un dictador. Él respeta nuestra voluntad humana y no impone su obra en nosotros. Él desea y necesita nuestro consentimiento a fin de obrar libremente en nosotros. Nuestra consagración es nuestro consentimiento.

Debido a que Dios solamente obrará en nosotros si se lo permitimos, esto explica cómo una persona puede ser salva de forma genuina por años y aún así tener poco o nada de crecimiento en la vida divina y experimentar muy poco cambio en su ser. Dios esperará hasta que le permitamos forjarse en nuestro ser para Su propósito.

Así que en vez de dejar pasar el tiempo o resistir Su obrar en nosotros, podemos orarle al Señor: “Señor te doy permiso de que obres en mí. Me ofrezco a Ti voluntariamente. Señor, Te abro las puertas de mi corazón. Entra a cada parte de mi corazón y confórmame a Tu Persona amada en todo sentido”.

4. Para que disfrutemos las riquezas de la salvación de Dios
La salvación de Dios está llena de riquezas. Ciertamente, incluye ser salvos de la perdición eterna, pero la salvación de Dios abarca mucho más. Cuando fuimos salvos, Dios nos bendijo en Cristo con toda bendición espiritual. La vida divina, la humanidad perfecta y el vivir perfecto de Cristo, Su muerte efectiva, Su resurrección poderosa, Su victoria sobre Satanás, Su ascensión sobre todas las cosas: todas nos pertenecen. Sin embargo, si no nos consagramos a Él, no hay manera de que seamos introducidos al disfrute de todas estas bendiciones. En realidad, las tenemos, pero para que las podamos disfrutar es necesario que nos consagremos a Dios.

En este sentido, la consagración es como un portal o una puerta. Para entrar a un edificio, debemos primero entrar por la puerta. Si no lo hacemos, no importa cuántas cosas maravillosas nos esperen al otro lado, no las podemos disfrutar o participar de ellas. Las cosas están allí, pero nosotros permanecemos afuera. La consagración es la puerta para que entremos y disfrutemos todas las riquezas de la salvación de Dios. Cuando nos entregamos al Señor, Él nos llevará a experimentar las riquezas de estas bendiciones ricas de la salvación completa de Dios.

Podemos orar: “Señor, no solamente deseo saber acerca de Tus riquezas en cuanto a la salvación; quiero disfrutarlas. Así que, aquí estoy, me entrego completamente a Ti. Te pertenezco. Guíame por Tu Espíritu a la experiencia y disfrute de todo lo que Tú tienes para mí en Tu salvación”.

Tomar el siguiente paso
Al ser salvos hemos completado el primer paso de nuestro recorrido espiritual. ¡Le damos gracias al Señor por eso! Pero éste es solamente el comienzo. El próximo paso es consagrarnos al Señor. Cuando lo hagamos, Dios nos guardará en Su senda, creceremos en Su vida, permitiremos que Dios obre en nosotros y disfrutaremos las riquezas de Su salvación.

Sea que tengamos poco o mucho tiempo de ser salvos, cada uno de nosotros podemos entregarnos al Señor. Aún si nunca habíamos escuchado acerca de la consagración, aún así podemos presentar nuestros cuerpos al Señor hoy mismo. ¡Él está alegre y dispuesto a recibir nuestra consagración a cualquier hora!


En una entrada sucesiva, cubriremos otros aspectos de este asunto tan importante de la consagración. Esperamos que lea y disfrute también esa entrada.

Sacerdotes Levitas comenzaron ensayos de los Servicios para el Tercer Templo

ISRAEL.- Una ceremonia especial se llevó a cabo recientemente en Jerusalén. Fue el comienzo del mes bíblico de Adar (marzo). En los días en los que el templo funcionaba en Jerusalén, este tiempo era especial. Para marcar la fecha, una reconstrucción de los servicios del Templo fue exhibida al público por el Instituto del Templo.

En el primer día del nuevo mes, eran llevados al templo sacrificios especiales: dos novillos, un carnero y siete corderos, libaciones de vino, harina y aceite (de acuerdo con Números 28: 11-15). Este es el mismo tipo de sacrificios ofrecidos en Pascua y la Fiesta de Pentecostés [Shavuot]. Sonidos de trompeta especiales acompañaban la celebración.


En pleno 2016, aunque todavía no hay un Tercer Templo erigido, los responsables del Instituto del Templo, junto con el Consejo y otras organizaciones, celebraron una recreación de culto. La ceremonia fue destinada a ser educativa para los espectadores y una “prueba” para los sacerdotes ya formados.

Su maestro es Nezer HaKodesh, que lidera la Academia Cohanim. Todos vestían ropas hechas de acuerdo a las especificaciones bíblicas, y dieron la bendición sacerdotal. También hubo Levitas que tocaron los instrumentos adecuados para el servicio del Templo y fueron acompañados por un coro.

A pesar de que ningún animal fue sacrificado, se mostraron a los presentes los órganos y las grasas especiales de las que habla la Biblia. También hubo una demostración de cómo la sangre era rociada sobre el altar. Por último una ofrenda de flor de harina fue quemada en el altar, para reproducir perfectamente el modelo bíblico.

Además de la demostración de cómo funcionan los sacrificios, tres miembros del Sanedrín aceptaron el testimonio de dos testigos para cumplir con el mandamiento de la Torá y declarar el comienzo del nuevo mes.

El rabino Yisrael Ariel, fundador y líder del Instituto del Templo, dio una conferencia sobre el Majatzit HaShekel (Éxodo 30: 11-16), el mandato bíblico según el cual los hombres judíos tienen que entregar medio siclo de plata cada uno al Templo este mes.


Esta verdadera lección del Antiguo Testamento fue más que solo recordar una costumbre. Muestra cuán reales son los preparativos para el Nuevo Templo. Al exhibir todo en público también ayuda a acostumbrar a los habitantes de Jerusalén a la idea de una nueva clase sacerdotal.